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Movilizaciones por la tarifa plana
La opinión de David Casacuberta
presidente de Fronteras Electrónicas de España (FrEE)

3-O: una huelga de identidad
Existen huelgas de muchos tipos. Algunas son simples medidas de fuerza por parte de un colectivo para mejorar una situación laboral que de por sí ya es envidiable. El paradigma es sin duda esas fastidiosas huelgas de celo de los controladores aéreos. Tenemos huelgas para modificar leyes, huelgas para manifestar una ideología, huelgas de supervivencia contra despidos masivos, huelgas japonesas y un sin fin más de huelgas que sería demasiado prolijo ennumerar.

Nuestro convulsionado mundo de fin de milenio está viviendo otro tipo de acciones que hasta hace poco eran muy raras, pero que cada vez tienen más fuerza: las acciones por el reconocimiento. Aunque hay sin duda reivindicaciones concretas, muy importantes para el colectivo de internautas, esta huelga creo que tiene una función más, que es sin duda vital: el reconocimiento de un nuevo colectivo en este país: los usuarios de la Red.

Nuestros gobernantes y políticos actualmente viven de espaldas a Internet. Ciertamente, existen iniciativas aisladas, como la comisión del senado de redes informáticas, pero son pocos, con un poder puramente informativo, y, como pudimos comprobar en la visita que hizo FrEE a la comisión, algunos senadores ni siquiera se dejan caer por la comisión.

En nuestros contactos con grupos de ciber-derechos de la Unión Europea hemos descubierto, para nuestra tristeza y depresión, que España nunca ha enviado un comisionado a las reuniones sobre derechos humanos e Internet. De hecho, un comité internacional envió un mensaje algo agrio a la representación española pidiéndoles que si no podía personarse alguien, que al menos tuvieran la decencia de enviarles un fax con algunas observaciones. Por lo visto aún lo esperan...

El debate parlamentario sobre tarifa plana no hace sino confirmar esas ideas. Es difícil de aceptar que una diputada de Partido Popular confunda el número de asociados a la AUI con el número de conectados a la Red en España y diga que en Internet hay unos doce mil navegantes españoles. También pone los pelos de punta leer en la prensa unas declaraciones de todo un secretario de telecomunicaciones diciendo que "no entiende como la gente puede estar más de veinte minutos conectado a la red".

Esa falta de comprensión, de reconocimiento, es también rampante en el caso de Telefónica: la misma subida de tarifas, apoyada en el argumento de que las llamadas locales son normalmente muy cortas, parece olvidar la misma existencia de Internet. La famosa oferta de tarifa plana en bonos no hace sino abundar en lo mismo, ofreciendo unas condiciones que no se ajustan para nada a los hábitos del navegante medio y que van absolutamente en contra de iniciativas tan vitales para un país que quiere entrar en la Sociedad de la Información como el teletrabajo.

Pero la incomprensión de Internet puede rastrearse de mucho antes. No sé si el lector o lectora recordará el bochornoso caso de la "tarifa plana interprovincial". Telefónica decidió -seguramente como medida propagandística más que otra cosa- ofrecer una tarifa plana interprovincial. Se pagaba un fijo y durante una franja horaria de unas ocho horas uno podía hablar todo el tiempo que quisiera. Por increible que parezca, los técnicos de la empresa cometieron un fallo garrafal, un fallo prácticamente incomprensible: se habían olvidado de Internet. De repente, Telefónica fue invadida a llamadas pidiendo esa tarifa plana interprovincial. Nadie de la empresa había tenido en cuenta que no hacía falta sino buscarse un proveedor a Internet en otra provincia para tener tarifa plana en Internet.

Lo más penoso fue la forma tan mezquina de maniobrar de telefónica. La publicidad desapareció de la noche a la mañana. En ningún momento reconoció telefónica su error. Las información variaba dependiendo de donde vivía uno: en las Canarias se nos decía que esa tarifa no había existido nunca ni existirá; en Asturias le suscribían a uno sin problemas, y en Barcelona se nos tomaban los datos con mucha educación, pero esos datos debieron acabar en la basura, pues nadie oyó nada más de Telefónica, ni siquiera un "lo sentimos, pero esta oferta ha sido retirada".

Y el trato fue aún peor para los que ya tenían suscrita la oferta. De repente, y sin que tal información apareciera en los contratos, Telefónica advertía que discriminarían entre voz y datos, y que la tarifa plana era sólo para voz, lo que resultaba francamente ridículo. Por otro lado, algo podrido debe haber en Telefónica, cuando ahora se nos dice que no se puede hacer ofertas especiales a los internautas, pues no hay forma de discriminar entre voz y datos. Es extraño que antes sí se pudiera, y que incluso lo utilizaran de amenaza.

La conclusión es clara: el colectivo de Internautas todavía no ha sido aceptado, reconocido y comprendido. Ni por nuestros gobernantes ni por las empresas que nos han de ofrecer la conexión a la Red. Por ello es tan importante la huelga del tres de octubre. Nuestros teléfonos deberán permanecer mudos y nuestras páginas web en blanco. Pero no sólo para conseguir una rebaja en las tarifas. El gobierno y telefónica tienen que saber que existimos. Que somos un colectivo con intereses propios, que votamos y pagamos facturas. Y es un colectivo vital para cualquier país que quiera tener algún peso específico en la política, economía y ciencia del siglo XXI.



DIOS PROVEERÁ © está a cargo de Manuel Barberán
En Internet desde el día 16 de agosto de 1996

www.areas.net/dp/tarifas/3oct98/casacuberta.htm